martes, 29 de noviembre de 2016

Moscofilms: Entusiasmo, Sinfonía del Donbass, de Dziga Vertov

En Moscofilms hemos subido otra nueva película soviética: Entusiasmo. Sinfonía del Donbass, de Dziga Vertov (1931).

Imagini pentru entusiamos, sinfonia del donbassDziga Vertov, nombre artístico de Denis Abramovich Kaufman, nació en Byelostok, hoy en Polonia, en 1896 y falleció en Moscú en 1954. Considerado uno de los fundadores y teóricos del cine documental y del cine experimental soviético, por su imaginativo uso del sonido y de la imagen siempre con un objetivo revolucionario. Tras el triunfo de la Revolución de 1917, Vertov empieza a trabajar en el departamento documental del Comité de Cine de Moscú, realizando el montaje de  Cine-Semana (Кинонеделя), serie documental con periodicidad semanal que vio la luz en junio de 1918. Al año siguiente firma su primer trabajo como director, El aniversario de la Revolución (Годовщина революции), y en 1922 inicia un nuevo serial documental, Cine-Verdad  Киноправда), que toma el título del diario oficial del Poder soviético. Firme opositor del tradicional cine de ficción, Vertov pensaba que aquel era otro “opio de las masas”, y crea la teoría del Cine-Ojo, con la que intenta retratar la vida común sin el empleo de artificios cinematográficos.

En 1924 dirige precisamente Cine-Ojo (Кино-глаз), donde muestra distintos episodios de la vida en el estado soviético, con especial atención en mostrar a los niños de época y las organizaciones de pioneros. En 1929 realiza la que será considerada su obra cumbre, El hombre de la cámara (Человек с киноаппаратом), documental compuesto por diversos fragmentos donde retrata el caos de la vida en la ciudad moderna. Rodada en las calles de Odessa, Kiev y Moscú, la cinta sobresale por la variedad de técnicas de rodaje y de montaje que emplea Vertov -cámara lenta, cámara rápida, pantalla partida, etc-.

Al año siguiente, 1931, Vertov rueda Entusiasmo: Sinfonía del Donbass, en la que muestra el trabajo en las fábrica y minas del Donbass para la ejecución del plan quinquenal. Será su primera película totalmente sonora. En 1934, dirige Tres cantos para Lenin (Три песни о Ленине), rodada con motivo del décimo aniversario del fallecimiento del padre de la Revolución de Octubre y en la que muestra el amor del pueblo soviético por su líder.

Al acabar la Gran Guerra Patria, Vertov dirige varios documentales destinados a exaltar el heroísmo del pueblo soviético en su lucha contra el nazismo y en su trabajo en la retaguardia, como la cinta de 1941. Sangre por sangre, muerte por muerte (Кровь за кровь, смерть за смерть). A partir de 1944 y hasta la fecha de su muerte, Vertov trabaja en Noticias del día (Новости дня), serial compuesto por 55 episodios.

En Entusiasmo: Sinfonía del Donbass, Dziga Vertov aplica distintas técnicas en su narración, con especial hincapié en el empleo de la imagen partida; el movimiento de la cámara siguiendo el movimiento de las personas -como el de una mujer al postrarse varias veces ante la imagen de Cristo-; o el desenfoque de la imagen de la catedral cuando los obreros sacan los iconos del interior de la misma. La película cuenta en su apartado musical con la marcha “Sinfonía del Donbass” del compositor Timofeev y acordes de la “Sinfonía del 1º de Mayo” de Dmitri Shostakovich, aunque su característica más llamativa es el uso de los sonidos de la nueva realidad soviética: las manifestaciones, las fábricas, los motores…

Argumentalmente, la película, un hito del cine soviético y universal, es un retrato de los obreros y campesinos del Donbass, en su empeño por lograr los objetivos del plan quinquenal. Con la imagen de una joven que escucha la música que emite Radio Leningrado empieza la exposición de distintas escenas de la vida de los habitantes de la región. Frente a la devoción de la gente que se persigna a la salida de la catedral, imagen de lo viejo, se muestran imágenes de un desfile de jóvenes pioneros y el silbido de la sirena de las fábricas, llamando a los trabajadores a las mismas, representación del mundo nuevo.

A través de la cámara, Vertov poetiza sobre la transformación de ese mundo viejo, reaccionario, que huele a muerte, y el nuevo y revolucionario, que lleva hacia la libertad y al futuro. Por ejemplo, durante una manifestación, los trabajadores condenan al cura por su simpatía con el capitalismo, y se inicia el vaciado de iconos de una catedral, el derribo de las cruces de las iglesias y el posterior izado de banderas y estrella rojas, culminándose todo con la conversión del edificio en un club de jóvenes obreros.

Como hemos dicho, la película empieza y termina con el llamamiento a los mineros y jóvenes comunistas para esforzarse en cumplir los objetivos productivos del plan quinquenal, con el juramento de los mineros de cumplir la producción planificada de toneladas de carbón, o el esforzado trabajo de los campesinos para cumplir los objetivos de recolección, y culmina con la descripción del éxito de la planificación, solo posible por el esfuerzo de obreros y campesinos y su avance decidido en la construcción del socialismo.

Un tema, por otro lado, de triste y gran actualidad, debido a las circunstancias internacionales tras el triundo del capitalismo en Rusia y su transformación en potencia imperialista, y, a pesar de ello, a la respuesta a las agresiones del gobierno fascista de Kiev contra el Donbass con la organización de la resistencia por la población trabajadora local.

Entusiasmo, Sinfonía del Donbass, se puede ver con subtítulos en castellano a continuación o en MOSCOFILMS.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Comunicado de la Red de Blog Comunistas por el fallecimiento de Fidel Castro

La Red de Blog Comunistas (RBC) rinde homenaje revolucionario a Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución cubana y figura fundamental en la historia de la segunda mitad del siglo XX.

Con la muerte de Fidel Castro se pone fin simbólicamente al ciclo revolucionario iniciado en 1917.

No es éste el momento de entrar en valoraciones políticas sobre el papel de Fidel Castro en el devenir del Movimiento Comunista, de la lucha de clases a nivel internacional y de la construcción del socialismo en Cuba. Más pronto que tarde, un nuevo ciclo de revoluciones triunfantes sabrá aventar de su legado la paja del grano con que alumbrar un nuevo mundo sin explotación capitalista.

En todo caso, a los miembros de la RBC no nos cabe duda de que el espíritu internacionalista y la firmeza antiimperialista de Fidel Castro y de la Cuba revolucionaria que dirigió serán fuente inmarcesible de inspiración para todas las futuras revoluciones proletarias.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Fidel Castro y Nicolae Ceausescu

En 1972 Fidel Castro realizó una visita oficial como Jefe de Estado de Cuba a la República Socialista de Rumania. Fue recibido por los rumanos en Bucarest como un héroe revolucionario, líder comunista e intelectual de vanguardia,  internacionalista y comandante de los guerrilleros que crearon el primer pueblo libre de América.

Imagine similarăEn Cuba recibió la Orden Estrella de la República Socialista de Rumania en Primera Clase, «por méritos especiales en la lucha revolucionaria por la liberación nacional y social de los cubanos, por la defensa de la independencia nacional y la soberanía de la patria socialista contra el imperialismo, por la especial contribución hecha a la expansión multilateral de las relaciones de cooperación, la amistad internacionalista y la solidaridad entre el Partido Comunista de Cuba y el Partido Comunista Rumano, entre la República de Cuba y la República Socialista de Rumania, entre el pueblo cubano y el pueblo rumano».

Al año siguiente, 1973, Nicolae Ceausescu visitó Cuba, dentro de una gira por los países latinoamericanos, en la cual visitó, entre otros, Costa Rica, Ecuador y Columbia.

En ambos viajes no solamente se estrecharon lazos entre ambos pueblos socialistas, sino que se firmaron acuerdos de colaboración económica, especialmente para el intercambio de productos básicos alimentarios, como azúcar y arroz, por productos industriales y maquinaria agrícola, además de fomentar el flujo de estudiantes becados por ambos estados, para fomentar el conocimiento mutuo.

Por aquellos años, a principio de los setenta, Nicolae Ceausescu y sus gobiernos estaban todavía empeñados en abrirse a Occidente, y en convivir con el capitalismo, actitud muy aplaudida por las potencias económicas del oeste, cuyos medios hablaban maravillas del "reformador"  y "aperturista" rumano.. Ese grave error acabaría endeudando tremendamente a Rumania, problema que Ceausescu y sus gobiernos lograron resolver, liberándose totalmente de la deuda asumida durante aquellos años en marzo de 1989 (poco antes del golpe de estado que acabaría con las esperanzas de todos los rumanos, condenándoles a ser una colonia de las potencias capitalistas).

Precisamente, fueron su visita a Cuba y a Corea del Norte en 1978, las que le mostraron al lider comunista rumano que las reformas aperturistas y la connivencia con el capitalismo solo podían llevar a los pueblos socialistas  al desastre (tal y como sucedería a finales de los 80 en todos los países socialistas y en la misma URSS, empeñada desde los años sesenta en creer en la imposible convivencia con el fascismo de maquillaje democrático, es decir, con las falsas democracias burguesas capitalistas).

Fidel lideró al pueblo cubano para tomar el poder de la única forma posible para los trabajadores, arma en mano, y nadie podrá decir que mientras Fidel Castro fuera presidente de Cuba se dieran pasos aperturistas y de conciliación con el capitalismo, siguiendo las palabras del Ché de que "al capitalismo ni un tantito así", enfrentándose a la ola de traiciones y oportunismos de los años 90, aunque en sus últimos años, tras su renuncia a todo cargo político, haya tenido que asistir a este tipo de coqueteos con países imperialistas y al inicio de reformas económicas en ese sentido.

A continuación algunos recuerdos de la visita de Fidel Castro a Bucarest:















Y algunos otros de la visita de Nicolae Ceausescu a La Habana:

Fidel entre su hermano Raul y el presidente rumano
Imagini pentru ceausescu la havana

Imagini pentru ceausescu la havana

Imagini pentru ceausescu la havana
!Bienvenido, compañero Ceausescu!
Imagini pentru ceausescu si fidel la havana 1973

jueves, 24 de noviembre de 2016

Alexandru Sahia: Lenin, H.G. Wells y la industrialización de la Unión Soviética


Alexandru Sahia, (9 octubre 1906 - 12 agosto de 1937), fue un escritor y periodista rumano afiliado y activista del Partido Comunista de Rumania y defensor a ultranza de la Revolución Soviética y la amistad con la URSS.

Hijo de campesinos, estudió derecho en la Universidad de Bucarest, publicando ya durante sus estudios multitud de artículos y opiniones en periódicos diversos. Fue colaborador de publicaciones de orientación democrática, como Adevărul (La Verdad), Dimineata (La Mañana), Facla (Antorcha), Cuvîntul liber (La palabra libre), etc. y creador en 1932 de las revistas Veac nou (Nuevas noticias) y Bluze albastre (Camisa azul). En 1935, después de su viaje a la Unión Soviética, publico el libro de reportajes "U.R.S.S. azi" (La URSS hoy).

Su actividad literaria se centra en temas muy concretos y principalmente en cuentos y artículos. Por ejemplo, el antibelicismo , con ejemplos como "Întoarcerea tatii din război", "La vuelta de mi padre de la guerra" o "Pe cîmpia de sînge a Mărăşeştilor", "En los campos sangrietos de Marsetilor", aunque su preocupación principal fueron los problemas sociales, donde escribe quizás las paginas más brillantes de la literatura rumana en este ámbito: "Uzina vie -La fabrica viva" , "Revolta din port -Revuelta en el puerto" (el primer escrito consistente de defensa de los problemas de los trabajadores rumanos), o "Plaia de iunie - LLuvia de junio" (sobre la vida miserable de los campesinos). Tambien se preocupa por el racismo, con textos como "Şomaj fără rasă- Desempleo sin raza", o "Execuţia din primăvară- Ejecucion de primavera".

En su reportaje sobre su viaje a la URSS, escrito en el estilo de un diario de viaje, el escritor presenta los grandes logros de la Revolución Bolchevique después de 17 años, tanto sociales como económicos (la vida de sus ciudades, los derechos de las mujeres, el metro de Moscú, la educación y la cultura, y los enormes avances economicos, etc.).

En uno de sus artículos, el que traducimos a continuación,  habla de la industrialización de la Unión Soviética y del entusiasmo del escritor ingles H.G.Wells ante los logros del estado proletario, emoción compartida por el propio Sahia.

Por cierto que Wells charlaría en esta visita a la que se refiere Sahia con Stalin, publicando aquella entrevista que contrasta radicalmente con las "verdades" que la propaganda burguesa escupe masivamente sobre el líder soviético y que, como tantas otras mentiras que repiten una y otra vez hasta hacerlas pasar por verdades, intentan criminalizar al comunismo y a sus grandes representantes históricos.


Lenin, Wells y la industrialización soviética

En el año 1920, el escritor ingles H.G.Wells visitó la Unión Soviética. La atmósfera era todavía turbulenta y no habían pasado más que dos años y un poco desde la Revolución. Se trazaban aún las grandes líneas generales que habían de llevar a la construcción del poderoso estado socialista de hoy.
Imagine similară
Wells tenia ganas de charlar con Lenin, y lo hizo. En primer lugar, preguntó al dirigente bolchevique de entonces con qué se iba a empezar el edificio del estado proletario.

-Electrificaremos Rusia, respondió Lenin categórico.

-Bien, pero ¿con quién? ¿Olvidas que tienes alrededor a un pueblo semiprimitivo?

-No, tengo conciencia de esto. Y para que te convenzas, te invito a venir a la Unión Soviética en 4 años.

Lenin murió en 1924

Wells no volvió en 1924, sino catorce años más tarde, en el otoño del año pasado, cuando me encontraba también yo en la URSS

El entusiasmo del escritor inglés fue enorme, y lo manifestaba en cualquier ocasión. Solo entonces se dio cuenta de que Lenin no era un "ingenuo", como le había caracterizado él en los periódicos ingleses, sino que, sabiamente, sintió y creyó en la gran fuerza humana desencadenada contra la tiranía de los explotadores.

En tres meses que he pasado en la Union Sovietica, creo que he podido darme cuenta, en gran medida, de las grandes realizaciones del estado bolchevique en lo referente a la industria pesada. Y no he visitado más que las fábricas importantes de los alrededores de Moscú, Leningrado, la región de Nijni-Novgorodului en el Volga y la cuenca industrial del Dnieper en Denieproghes. Sin embargo, no he visitado las zonas más industrializadas, en los Urales o cerca del Pacífico, en Siberia, y, por supuesto, en el Caúcaso.

Desde la Revolucion de Octubre, en 17 años, el gobierno bolchevique ha sembrado la vieja Rusia zarista de chimeneas industriales que verdaderamente pueden hacer frente a cualquier peligro armado que pueda abatirse en cualquier momento sobre la patria de los proletarios del mundo.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Mihai Beniuc, poeta comunista rumano: "La libertad es una estrella roja y el hombre la observa, soñador, a través de su telescopio"

"La libertad es una estrella roja
y el hombre la observa, soñador,
a través de su telescopio"

Mihai Beniuc nació en 1907, en Sebis, en la provincia de Bihor, en la entonces Transilvania austrohungara. Además de su actividad científica (fue profesor en la Universidad de Cluj, Sibiu y Bucarest) desarrolla una rica actividad como escritor (tanto prosa como poesía, y también fue dramaturgo y publicista). Toda su carrera poética está imbuída de una idea clara de responsabilidad cívica con la sociedad a la que pertenece. De hecho, se trata de uno de los principales representantes de la cultura de la Rumania Socialista.

Su mas conocida produccion literaria empieza en 1946, cuando publica el volumen con un título clarificador, „Un hombre que espera el amanecer”. En ella muestra su ideología socialista en relación a los tiempos que vive (el socialismo acababa de derrotar al fascismo y se disponía a crear una sociedad nueva en Rumania).

Marchará como consejero cultural a Moscú, donde permanecerá dos años, y a su vuelta se establece en Bucarest, donde ya es considerado un gran poeta. Se convertirá en crítico literario y se enfretará a su antiguo profesor Lucian Blaga, que tuvo relaciones con antiguos intelectuales fascistas legionarios.

En 1965, poco antes de la muerte de Gheorghiu-Dej, presidente de la República Popular Rumana, será destituido del cargo de presidente de la Union de Escritores, que ocupó durante varios años, y siendo sustituido por Zaharia Stancu. Vuelve entonces a sus clases de zoopsicologia en la Universidad de Bucarest.

En 1951 compone el libro de versos "Canto para el camarada Gh. Gheorghiu-Dej", en honor del que era entonces Sec. General del PCR y en los ultimos años de su vida se dedicará a elaborar en su villa del barrio de Primaverii una serie de poemas inconclusos en honor de la Rumania Socialista.
Muere el 24 de junio de 1988 y es enterrado en el cementerio evangélico luterano de Bucarest.

Beniuc es uno de los grandes poetas rumanos, y de ello dieron fe grandes poetas de fama internacional y compromiso político como Rafael Alberti o Pablo Neruda. Ambos le traducen al español, el chileno como parte de una recopilación titulada "De 44 poetas rumanos", y el segundo, junto con su mujer, María Teresa León, en una edición de su obra en un recopilatorio titulado "Poemas de Mihai Beniuc". Estos últimos, dicen lo siguiente del poeta rumano en el prólogo de su traducción:

Sus libros de poesía son muchos. Un crítico, Constantino Ciopraga, dice que Beniuc, como Víctor Hugo afirmaba de si mismo, es 'poeta artesano'. Le gusta trabajar. Va convirtiendo cuanto se le acerca en materia poética. Responde a los llamamientos. Apoya la redención del hombre. Se interesa por todas las circunstancias de la vida de sus gentes... EI paisaje se le confunde con los límites y las transformaciones sociales; quiere oír cantar los gallos de las nuevas auroras, con las raíces hundidas y profundamente comprometido. Por eso hay en su poesía tantas etapas como exigió el contracanto que a su voz poética le hizo el pueblo. Mihal Beniuc, por esta permanencia fiel, es un poeta nacional, uno de los más queridos poetas de Rumania."

Imagini pentru partidul comunista romaniaSe trata, pues, de un poeta de una calidad literaria e ideológica incontestable, abanderado consecuente y coherente del socialismo. Precisamente por ello, hoy se le denigra y se ocultan sus obras, a pesar de la opinión de otros grandes poetas universales sobre su obra. Para la sociedad actual, donde la cultura está a sueldo de los intereses económicos de las minorías, un poeta de la Rumania Socialista es como si no hubiera existido.

Sus principales libros de versos son, entre otros, Cantos de desesperanza“ (1938), „Cantos nuevos“ (1940), „Un hombre espera el amanecer“ (1946), „La manzana junto al camino“ (1954), „El corazon del viejo Vezuv“ (1957), „Con una hora de adelanto“ (1959)

Sus novelas más importantes fueron "El filo del cuchillo", 1959, "La desaparición de un hombre del pueblo", 1963 y "Explosión apagada", 1971. Fue presidente de la Unión de Escritores, y acogió a Pablo Neruda en la sede de la institucion, el Palacion de Mogosaia, cuando el premio nobel visitó Rumania en 1953. Igualmente fue miembro de la Academia rumana hasta su muerte.

Aqui os dejamos alguno de sus poemas:

La guerra (Traduccion de Rafael Alberti).

Estan los que juegan con su propia cabeza
Como una pelota unica
Lanzada al alto
Contra la tierra
Atrapada en la mano
Golpeada con el pie
Pero no mas que una sola pelota

Otros juegan con las cabezas ajenas
Con muchas cabezas a la vez, con todas.
Las agarran al vuelo, las tiran al aire
Diestramente, sin que caiga ninguna
Tan bien que el horizonte se llena de cabezas
Y el cenit
Y los puntos cardinales


Un dia (Publicado por el diario ABC español, 17-03-1973, pag 122. Traduccion de Rafael Alberti).

Un dia nos llamaremos, sin oirnos,
uno de nosotros no responderá más,
un pájaro caerá, el ala muerta,
y mirará, el ojo temeroso,
hacia el bosque callado.
Vuelas para alcanzar el nido,
un ala sin fuerza lame la tierra,
y de la otra caen tibias gotas-coral.
Huyes para esconderte, màs, ¿de quién?
estás solo en la soledad,
y sin embargo, un corazón latia junto al tuyo.
¿Por qué no late ya?
¡Oh, si aún nos hubiésemos querido más,
entonces puede ser...!
Te sorprendes hablando solo,
el vacío te invita,
el silencio te escucha.
¿Quién ha cubierto el espejo con un velo negro?
En la mesa dudarás,
Tal vez mañana,
sin tomar la cuchara con la mano,
pero la silla quedará vacia,
oh, tú lo sabes.
Las rutas del otoño se volverán más largas,
sin ningún deseo de llegar hasta el fin,
sin ningún deseo de regresar a casa
.

En mi siglo (tradución de Un Vallekano en Rumania)

Hemos pasado ya una epoca, me parece,
porque no hay mas boyardos en los campos
y ni el oro ni la ciudadelas, señores,
no son solo desiertos para los pobres.

Con trompetas y gaitas hemos domado a las fieras
hemos dejado que los otros
se diviertan, mientras trabajaban duro
las hoces y los martillos.

Hoy quizas seamos en la bandera roja
un punto entre millones de gotas vino
o quizas una ola rompiendo como en un asalto
en grandes turbinas hidroelectricas
con el ruido de romper eslabones y cadenas
y espumeando desde arriba


Bandera en el horizonte (traducción de Un Vallekano en Rumania)

Los que pudieron llegaron por la bandera
era suficientemente roja para ser vista
y algunos se pararon ante el umbral
presos de su propia impotencia

Yo sigo caminando, pero cuando ya no pueda,
andar adelante en la vida tempentuosa
la brillante bandera la lanzare al horizonte
como el hermoso sol rojo sobre el mar
en las mañanas claras, brilla
en las extensiones verdes plateadas
.

Estrella roja (traducción de Un vallekano en Rumania)

Se chocan las nebulosas
los sistemas solares, las estrellas,
los astros se apagan y devienen
materia muerta
y resucitan despues como una supernova,
los atomos murmuran..

Las esferas cantan,
y millones de años luz atraviesan,
o vienen, ¡Quien sabe!
Limitado por el infinito
esta el hombre, en el cabo de Buena Esperanza.
Nombra las estrellas sin numero
mide la lejania sin fin
y corre con su pensamiento,
a veces delante, otras detras,
construyendo efimeras verdades y grandes sueños
sobre incertidumbres cada dia mas grandes.
El sueño esta lejos.
Como las rojas estrellas inmensas,
que son miles de veces
mas fuertes que nuestro sol
en cuanto a su luz, en cuanto a su calor.
La libertad es una estrella roja
y el hombre la observa, soñador,
a traves de su telescopio.


Otros poemas de Beniuc en español en: http://amediavoz.com/beniuc.htm

jueves, 10 de noviembre de 2016

Camino a Moscú (La URSS Hoy, Capítulo I, Alexandru Sahia,1934)


Alexandru Sahia nació el 9 de octubre de 1908 en Manastire, en la provincia de Calarasi, y murió en 1937 en la capital rumana, Bucarest. Fue un importante periodista comunista del periodo interbélico, publicando en los principales diarios de la época.

Fue también un activo admirador de la Unión Soviética y militante del Partido Comunista en la clandestinidad, escribiendo el primero de los diarios de viajes al país de los soviets escritos por un rumano, el el describía las increíbles conquistas de la clase trabajadora en aquel país, en 1934: "La URSS Hoy"

Alexandru Sahia moriría con tan solo 29 años a causa de una tuberculosis mal tratada. En 1946, tras la llegada al gobierno tras las primeras elecciones democráticas celebradas en Rumania de la coalición democrática dirigida por el Partido Comunista, se le otorgó el título de "héroe de la clase trabajadora".

A continuación, compartimos la traducción realizada para este blog del primer capítulo del diario del viaje a la Unión Soviética en el año 1934 escrito por Alexandru Sahia,  "La URSS hoy".

LA URSS HOY (Capítulo 1)


CAMINO A MOSCÚ
(Estaciones – Tierra – Hombres).

En la estación de Varsovia caía una lluvia abundante. Era una lluvia turbia de mañana de otoño. Daba la impresión de que debía estar lloviendo en todas las estaciones del mundo.

Apoyé la maleta en una farola del andén y esperé el expreso de Berlín. Junto a mí esperaban otros hombres y mujeres; parecían tener todos cara de tranquilidad, mientras estaban casi todos protegidos bajo paraguas negros. Innumerables veces me pregunté si de verdad ese tren iba hacia Moscú.

Hasta ese momento no había salido apenas de mi país. Solo una vez, hasta Jaffa, pero entonces viajaría en barco, entre marineros, a veces en la cubierta y otras en la sala de máquinas, y no tuve necesidad de cambiar de tren ni de cruzar fronteras. Fueron doce días en el mar, atracando en todos los puertos, regresando en el mismo barco a Constanta, sin ninguna complicación.

Mientras tanto, iban llegando otros trenes, de los cuales descendían hacia la salida de la estación, en huida bárbara, oleadas de hombres.

El expreso de Moscú apareció ruidosamente a través de la cortina de agua, mojado y con las ventanas empañadas. Se detuvo con brusquedad, relajando los muelles y como resoplando por la nariz. El público plurinacional entró aglomeradamente por la puerta, amontonándose con los mozos y los maleteros.

En las estaciones los hombres parecen iguales en cualquier parte del planeta…

Después todo se calmó. En el andén, frente a las ventanas del vagón, se formó una fila de hombres que se despedían de los de dentro bajo los paraguas empapados.

*

Los viajeros con destino Moscú fueron todos agrupados en el mismo vagón. Nos presentamos unos a otros rápidamente. Había cuatro belgas jóvenes, una chica de Argentina, cinco ingleses disfrazados de viajeros de los pies a la cabeza y dos familias alemanas, bastante numerosas, por cierto, que iban en busca de empleo a la Unión Soviética.

En el vagón de los extranjeros, el nuestro, fueron subiendo y bajando también algunos polacos en casi todas las estaciones por las que pasamos.

El paisaje polaco me pareció muy pobre y estéril. Las casas de madera salpicaban las colinas húmedas o se acercaban alineadas hasta el margen de la vía del tren. Las pequeñas estaciones, con jefes serios con capas de plástico, veían pasar fugazmente los trenes veloces. Se quedaban rápidamente atrás, tiritando bajo las gotas frías de la lluvia otoñal. De vez en cuando, los castillos de los latifundistas elevaban sus torres insolentes, confirmando la historia de dominación dictatorial.


*




De la estación de Varsovia partimos a las 10.





A lo largo del pasillo, en una ventana del vagón, con los ojos fijos sobre la campiña, se hallaba una única persona. Los otros viajeros se habían encerrado en sus compartimentos. Se trataba de una señora joven, de silueta fina y delgada, vestida con un abrigo gris, pequeño sombrero estampado con copos de nieve, y guantes de mosquetero. Elizabeth Klewin, que así se llamaba, era pintora, católica y con un gran cariño hacia Polonia. Se dirigía al pueblo, a casa de sus padres, cargada con colores y paletas, para trabajar durante tres semanas. Era una mujer ilustrada y al tanto de la literatura extranjera. Había leído “El bosque de los ahorcados”, de Liviu Rebreanu, sabía que Panait Istrati había traicionado la causa proletaria, y también que en febrero de 1933 tuvo lugar la huelga de Grivita, donde habían sido asesinados muchos trabajadores.





Bajó del tren en una pequeña estación de la campiña polaca, donde la esperaba un joven alto, con botas rojas y gorra. Mientras el tren permanecía en la estación, Elizabeth Klewin subió en una carreta amarilla rural, al lado del joven alto polaco (puede que fuera su hermano).





El tren salió hacia Rusia, hacia adelante, y atrás quedó la carreta amarilla. Elizabeth agitó el brazo como una rama frágil, y después ya no se vio nada más.





*









Mujeres soviéticas, años 30


Permanecí junto a la ventana hasta la frontera. En el cristal estallaban las gotas de lluvia empujadas por el viento. Sobre el campo se extendía una capa gris.





En el pasillo aparecieron dos chavales rubios, con ropa de terciopelo. Uno tenia una pizarrita en la que una mano experta había escrito el alfabeto eslavo. Ellos también miraban por la ventana el campo húmedo y extraño. Sus barbillas, tiernas y blancas, golpeaban ligeramente, con el traqueteo del tren, la parte inferior del cristal. Eran los hijos de la familia alemana que viajaba para buscar trabajo en Rusia. Nos acercábamos a la frontera. Todavía quedaba media hora. A las cinco estaríamos en Niegoroloe, primera estación soviética.





En todos los vagones empezaron a circular oficiales polacos, soldados con carabina al hombro. Miraban atentamente a todas partes y seguían adelante, seguros de sí mismos, golpeándose las botas con las espuelas. En toda Polonia se sentía un aire cuartelero, una presencia de fuerza militar. En las calles de Varsovia te topabas a cada paso con la policía a caballo, la policía en motocicleta, en bicicleta o a pie.





El tren se detuvo en la última estación polaca. Se realizó el control de equipaje y el de visados y pasaportes. La lluvia había parado totalmente. Sobre lo alto del bosque se extendía una banda de un rojo encendido. El verde de la vegetación, con un ligero amarilleo de otoño, con el fondo del atardecer ensangrentado, te sobrecogía como si se estuviera en la frontera entre dos mundos.





¡Qué simbolismo tienen las fronteras! Por ejemplo, la estación polaca era pequeña y blanca como una miniatura. Un soldado polaco, con el arma al hombro, miraba hacia adelante, hacia la tierra soviética. A solo algunos metros se perfilaba la figura del soldado bolchevique, joven también, puede que de unos 21 años. Ambos encontraban sus miradas durante la hora de guardia –aunque la mirada de cada uno se extravíaba, profundizando cuanto mas lejos podía en el territorio de la patria del otro, fuera a lo largo de la vía del tren, a través el denso bosque, o hacia sus alturas. Ante los ojos de ambos guardias se extiendía una pequeña valla de alambre parecida a aquellas que delimitan los arreglos florales: las fronteras.





Así son las fronteras, juegos, simples símbolos. Entre las dos vallas pequeñas se encontraba la zona neutral. El tren salió despacio desde la última estación polaca para pasarnos al otro lado… (estoy seguro que solo con lo que sentía entonces, en el momento del paso de la frontera, podría escribir un libro entero)…





De repente, del lado soviético, sobre la vía del tren se alzó un arco enorme. En su centro colgaba una gran estrella roja con el escudo comunista: la hoz y el martillo. Sobre el frontispicio del arco estaba escrito: “proletarios de todo el mundo, uníos”. El tren nos deslizaba lentamente bajo la cita de Marx.





Donde empezaba el territorio soviético había un pequeño cuartel, probablemente un puesto fronterizo. Los soldados reposaban. ¡Los primeros soldados bolcheviques!... Unos hacían gimnasia en los aparatos, a la izquierda del cuartel; otros cantaban, y el resto bailaba al estilo cosaco. Un inglés espigado, con figura seca, sacando la mitad de su cuerpo por la ventana, miraba con los prismáticos emocionado. Después de que ya no pudo ver más se dirigió hacia nosotros y dijo, colocando los prismáticos en su cadera: “¿Han observado? ¡Todos estaban gordos”!





El tren avanzó un poco más y se detuvo en Niegoreloe. Era una estación moderna y que no tenía nada en común con ninguna otra estación que hubiera visto hasta entonces.





Fuimos invitados a descender sin el equipaje, porque este iba a ser descargado por el personal de la aduana. La sala en que entramos era impresionante, tanto por su tamaño como por su decoración. En las paredes de la izquierda, en dos grandiosos paneles, estaba representado el trabajo de los koljós y de las fábricas. El mapa de la Unión Soviética, de proporciones colosales, ocupaba enteramente la pared del fondo, y alrededor de toda la sala estaban escritas en cinco lenguas diferentes aquellas palabras de Marx: “Proletarios de todo el mundo, uníos”.





Las formalidades fueron rápidas. Por todos los lados se veían jóvenes de hasta 30 años. Resaltaba en todos una cortesía natural, una amabilidad, que te asombraba. Tras el final del control de equipajes, pudimos volver a subir al tren. Todos los vagones tenían camas. En los de segunda y tercera clase había cuatro camas; en la primera clase, solo dos. Mi billete era de tercera clase, por lo que viajaba en el mismo vagón que una de las familias alemanas. Muy pronto, la mujer del alemán empezó a preparar el dormitorio. Mientras tanto, un miembro del personal del tren trajo cuatro colchones, sábanas y almohadas limpias, todas en sacos sellados.





La familia alemana se durmió rápido. Los dos niños rubios estaban vestidos con pijamas azules y acostados en la misma cama. Yo debía dormir en la cama que estaba encima de ellos. Más tarde, cuando entré en el compartimiento, encontré sobre la mesilla, bajo la luz de una lamparilla rosa, la pizarra del niño con el alfabeto eslavo, junto al libro “Urbanismo Soviético”, libro de Koganovich sobre la reorganización socialista de las ciudades de la URSS.





Debía preparar la escalera para subir y hacer ruido. No tenía sueño, así que cubrí a los niños mejor con la manta y salí de nuevo.





El pasillo estaba vació. Solo estaba encendida una bombilla, y las otras se habían apagado. Pegué la frente a la ventana y me protegí los ojos de la luz interior con las manos, para poder ver hacia fuera. El tren corría siguiendo el ritmo de los ruidos uniformes que hacían las ruedas. A causa del tamaño de los vagones tuve la impresión de que debían estar muy cargados. Atravesamos bosques y pasamos por pasos estrechos entre altas colinas. Cuando salíamos a campo abierto la vista se hundía en la noche y la perspectiva se ahogaba en un mar de oscuridad.










Moscú, años 30


A lo largo de la vía se mostraban pequeñas casas en las cuales estaban encendidas minúsculas luces, que desde la ventana del tren, por la velocidad, parecían cuentas de un collar dorado. Por las carreteras que se dirigian a destinos desconocidos, podian verse coches con faros encendidos. Se deslizaban por el terciopelo oscuro como ojos embrujados. Se percibía el peso de la noche y como la oscuridad había penetrado no solo en todos los rincones del tren, sino también en el agua de los rios, en las piedras del campo, en los bosques de Rusia.





Debía de ser tarde; pero estaba decidido a esperar a que la mañana me pillara en la ventana del vagón. Quería ver el amanecer, el primero en las llanuras de Rusia. Muchas veces pasó junto a mí una joven con ropa de piel, boina roja, y un pequeño farol sobre el pecho, como un corazón. Era la jefa del tren.





-¿Por qué no duermes? – me preguntó cuando llegó a mi lado.





-Quiero ver al sol nacer – la respondí.





La chica sonrió y siguió adelante.





Todas las puertas de los compartimentos estaban cerradas. Fuera parecían distinguirse los rastrojos, la gran extensión de matorrales, y la silueta de los árboles a lo largo de la vía. En una estación en la que nos detuvimos pude ver, con la ayuda de la iluminación, los retratos de Lenin, Stalin, Vorosilov, Molotov o Koganovich, dibujados en tela, a veces incluso a tamaño natural. La tela roja de las banderas ondeaba con la brisa del otoño.





Se abrió la puerta de un compartimento. Apareció una cabeza de mujer despeinada, con el cigarro entre los dientes, que me preguntó donde estábamos. No supe que responderla. Habíamos parado en innumerables estaciones pero solo me acordaba de Minsk, la capital de la Rusia blanca.





La cabeza despeinada cerró la puerta de nuevo.





Apareció de nuevo la chica que tenía un farol como corazón. Se puso a mi lado y estuvimos mirando ambos por la ventana del vagón. La luz del farol estorbaba y no podíamos ver apenas un metro más allá de la vía. Entonces, se lo descolgó del pecho. Estuvimos uno junto al otro, hombro con hombro. La mirada de esta muchacha, que no tenía ni 24 años, segúia con ganas el rastro de la tierra soviética, que se extendía sin fin, negra y arada por los tractores. Podía ser que sus ojos hubieran estado así cientos de veces, escondidos tras el cristal, observando los bosques, los blancos campos, las colinas de Rusia. Me dijo, pegando su frente a la ventana:





-Mira, todas las nubes van desapareciendo, no has perdido la noche inútilmente. Vas a ver el amanecer del sol bolchevique- Sonrió, se colgó de nuevo el farol en la ropa, y continuó.





-De hecho, el sol, en esta región, no es tan interesante. En el norte de Siberia, hacia Murmank, el sol está días enteros en el cielo sin que anochezca. Allí se le ve girar describiendo un círculo. Ayer mismo leí en “Pravda” que en una región ártica los paisanos extienden cuerdas desde sus casas hasta la orilla del agua. Esto para que cuando tengan tres meses de noche continua puedan llegar sin equivocarse hasta el agua, agarrándose a la cuerda.





-¿Has ido alguna vez por allí?-, pregunté.





-No. Yo soy del Caúcaso, cerca de Tibilis. Soy de la región del camarada Iosif Visarionovich





-¿Joseph Vissarionovich ? Pregunté yo





-¡Si! Joseph Vissarionovich , ¿No has oído hablar de él?





-¡No!






Los negros ojos de la jefe del tren me miraban con incredulidad.





-¡Cómo!, ¿tu no has escuchado hablar de Joseph Vissarionovich Stalin?





-¡Ah!, del camarada Stalin sí, pero como lo has llamado tu, Vissarionovich , lo oigo ahora por vez primera.





-Vissarionovich es el apellido de su padre, zapatero del Caúcaso, y nosotros los bolcheviques así le llamamos, Joseph Vissarionovich . Las delegaciones de los koljos o de los trabajadores, todo el mundo le dice así al querido y amado Joseph Vissarionovich. Igual al camarada Kalinin, presidente de las repúblicas soviéticas: no nos referimos a él salvo como Mihail Ivanovich, así nos hemos acostumbrado con el tiempo.





El tren paró en una estación más grande y mi acompañante desapareció rápidamente.





Me maravilló esta chica. Libre, con total fe en sí misma, amistosa, ganándose la vida desde joven. Se ganó mi respeto mas sincero.





Al pasillo salió después la muchacha argentina, Luzana del Pió. La jefa de tren volvió y le presenté a la argentina. Estábamos los tres ante el hueco de la ventana. Luzana del Pió miraba con gran curiosidad a la trabajadora soviética. Paseaba sus ojos por su ropa de piel, por la boina roja o sobre el pequeño farol colgado sobre su pecho.





-¿Usted es la cuidadora del tren?-, preguntó la americana en un ruso horrible.





-No, soy la jefe de tren, respondió la chica soviética con claridad-. Luzana del Pió la seguía mirando con curiosidad.





-Así es, aquí las mujeres pueden ocupar cualquier función, si son capaces de ello. Hay camaradas que dirigen fábricas con miles de trabajadores, hay diputadas, presidentes de Koljoj, aviadoras. Nos hemos liberado del todo y somos iguales a los hombres-, aclaró.





Mientras tanto, fuera se entremezclaban el día y la noche. En el horizonte, el cielo parecía romperse, enrojeciéndose. Entramos en un bosque de hayas, con descampados grandes donde se veían montones de madera, ordenados en líneas.





El campo se fue iluminando pausadamente y a lo lejos el sol apareció como la mitad de una rueda de tractor al rojo vivo, hincada en la tierra. Flechas de fuego eran lanzadas desde la espalda del arco en ascuas, desgarrando el cielo. La campiña rusa se mostraba infinita a los pies del sol. Allí donde las cuchillas de los tractores cortaron la hierba con esperanza, la tierra se presentaba como en rebanadas negras, ordenadas una junto a otra.





El sol se movía lentamente sobre la orilla del mundo, donde da la impresión que daba paso al precipicio. Se elevaba poco a poco, completando a cada momento su disco en formación.





En los pueblos más cercanos a la vía del tren se empezaban a ver grupos de niños con mochilas a su espalda, dirigiéndose a la escuela. Un caballo, que seguramente se había escapado de los establos del Koljós, galopaba ágil con las crines iluminadas por los rayos del sol sobre los campos cultivados. De hecho, desde el tren, a grandes líneas, se podía leer un poco la vida en los koljos.





Veíamos hombres con sus botas, vacas en los patios de los campesinos, el maíz amarillo por entre los tablones de los almacenes, espaciados para que los pudiera secar el viento. Algunas iglesias ya no tenían cruces, y en su vértice ondeaba una bandera roja. Era el signo de que la iglesia había sido transformada en un centro cultural, una escuela o en un simple almacén.





En muchos pueblos, sin embargo, las iglesias seguían manteniendo su cruz.





En una de las estaciones encontramos a muchos campesinos y campesinas, a niños con flores en las manos y a grupos de música formados por los koljós, preparados para cantar a la primera señal.





Debía llegar desde Moscú un escritor que, según logré enterarme después, era Solojov.





En los muros de las estaciones estaban colgados diferentes citas de Lenin, Stalin, Molotov, o de otros de los principales líderes bolcheviques. Grandes diagramas mostraban los logros alcanzados en el sector de los transportes en los dos primeros planes quinquenales. La mayoría de las estaciones eran nuevas o estaban en proceso de construcción.





Nos acercábamos a Moscú.





Se veía a lo lejos la difuminada silueta de la ciudad, el humo, las chimeneas de las fábricas y las torres, las incontables torres de las iglesias con cruces de oro, sobre las que se veían ondear las banderas rojas. Largos trenes o simples balancines pasaban a nuestro lado a su máxima velocidad. Nos encontramos con equipos de obreros llevando toda clase de herramientas. Pasamos por debajo de impresionantes puentes suspendidos. Las vías de tren se fueron multiplicando conforme nos acercábamos, convirtiéndose en un gran campo de raíles, a cuyos lados iba apareciendo la ciudad de Moscú.






Moscú, estacíon






Todos los viajeros se agolparon en los pasillos del tren mirando con ganas los primeros edificios de la capital soviética. Los bloques nuevos se alineaban ordenados junto a las casas antiguas, coquetas y verdes, dejando huecos para parques grandes y pequeños, siempre llenos de niños.





La estación de Moscú en la que acabamos el viaje era impresionante. Una multitud inmensa corría por todas partes. Serían las 11.





Al final de la vía, de donde partían todos los trenes, se encontraban los bustos de Lenin y Stalin grabados en la piedra.





En el andén nos esperaban los representantes de Intourist, con sus coches al final de la escalera. El inglés alto y con los prismáticos en la cadera me propuso ir andando. Acepté. Nos quedamos solos en las escaleras de la estación. Hacía un sol cálido de otoño y la animación de la calle nos asustó un poco.





Todo el mundo se apresuraba, iba hacia algún lugar que nosotros desconocíamos. Nos imaginamos que el grupo de obreros iba hacia la fábrica con su mono de trabajo, que la chica en manga corta y con la raqueta en la mano se dirigía a la pista de tenis, las camionetas con niños saldrían hacia el campo o puede que volvieran de la escuela.





Caminamos, no sin emoción, por este hormiguero de gente que corría y corría, a veces en tranvía, otras con autobuses o trolebuses.





Frente a un quiosco de periódicos nos detuvimos.





Ambos con el mismo pensamiento, pedimos “Pravda” e “Izvestia”. Los tomamos, los ojeamos, abrimos todas sus páginas, y al final, después de haberlos doblado con cuidado, los metimos en nuestro bolsillo.





En la primera esquina de la calle nos paramos de nuevo. Se demolía una iglesia. Una iglesia bastante grande, sin interés artístico alguno. Dos torres habían caído ya hasta ese momento, y de la tercera solo había desaparecido el tejado. Un equipo de obreros, subidos en el cuerpo de la iglesia, trabajaba con dedicación. Utilizaban aparatos eléctricos como los que rompen el asfalto de las calles. Trabajaban con provecho; de cuando en cuando se escuchaban gritos cortos de aviso, tras los que caían unos cuantos pedazos de muro, precipitándose hacia el suelo, chocando contra el suelo con gran estruendo.





Era el más novedoso espectáculo que había visto hasta ahora. Los viandantes seguían por su camino, sin interesarse en él. Nosotros permanecimos mirando como únicos espectadores.





El inglés me preguntó que religión profesaba. Tenía el rostro sudoroso y parecía emocionado. Le respondí que, por nacimiento, cristiano-ortodoxo.





-¡Como ellos!-, dijo él





-¿Quiénes?





-¡Los rusos!...





-Como los viejos rusos-, completé yo - porque los nuevos, ¡míreles que hacen!





-Yo soy protestante-, añadió sin que yo le preguntara nada.





Mientras tanto nos fuimos adentrando un poco más en el corazón de Moscú. El amistoso sol de los primeros días de septiembre hacía que brillaran con fuerza las cruces de las torres de oro, sobre las que se alzaban las banderas rojas ondeantes.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Comunicado de RBC con motivo del aniversario de la Revolución de Octubre: !Viva la Revolución de obreros, soldados y campesinos!

El 25 de octubre de 1917 del calendario ruso, 7 de noviembre en el calendario occidental, los trabajadores soviéticos tomaban el poder y lo ponían en manos de los soviets. El Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado, integrado por los camaradas Sverdlov, Stalin, Bubnov, Utritski y Dzerzhinski, hacía la siguiente proclamación: 


Desde aquel momento hasta la actualidad, los ladrones capitalistas, canallas terratenientes y párasitos burgueses no pueden más que temblar con la sola mención de las palabras Revolución o Comunismo y con la mera posibilidad de que los trabajadores se emancipen de su dictadura y vuelvan a tomar el control de su trabajo y de la riqueza producida para su propio beneficio y bienestar, tal y como sucedió entonces.


Hace noventa y nueve años, en los días previos a aquella fecha gloriosa, aquel Comité Militar Revolucionario ya estaba preparando (desde el 29 de octubre de aquel año, 17 de octubre del calendario ruso) el alzamiento de obreros, campesinos y soldados contra el gobierno provisional, cuyo triunfo llevaría a construir un estado que cambiaría la historia del mundo y de la clase obrera mundial: el primer estado construido por los trabajadores, la República Soviética de Rusia (poco tiempo después, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). 

La Red de Blogs Comunistas celebra y conmemora el aniversario de aquel acontecimiento revolucionario que cambió la historia del mundo y demostró que los proletarios de la tierra pueden convertirse efectivamente en aquello que Marx demostrara era su principal función histórica: sepultureros de la burguesía. 

Hoy, a pesar del retroceso que ha representado la restauración capitalista en la Unión Soviética y en la R.P. China, producto del triunfo de la burguesía y su ideología revisionista en la lucha de clases dentro del Socialismo, la toma del poder por los trabajadores rusos en noviembre de 1917, ilustrada en el decreto del Comité Militar Revolucionario que acompaña a esta entrada, ha de servir de ánimo para redoblar la esperanza de los oprimidos del mundo entero en que el mundo sin explotación del hombre por el hombre, el comunismo, está al alcance de nuestras manos, aunque para ello haya que superar los enormes los obstáculos e impedimentos históricos impuestos por el capitalismo, y levantarnos, recogiendo la bandera roja, tras cada aparente derrota, hasta la victoria final.

Desde la Red de Blogs Comunistas (RBC), como aquel 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre en el calendario juliano) hiciera el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado, aclamamos:



!Viva la Revolución de los Obreros Soldados y Campesinos!

El candidato socialdemócrata gana el primer turno de las elecciones presidenciales en República Moldova

El primer turno de las elecciones presidenciales de República Moldova ha clarificado quienes serán los dos candidatos que se enfrantarán en la "fase final" de las elecciones que la oligarquía ha organizado en la antigua república soviética. El candidato que ha recibido más votos ha sido el socialdemócrata Ion Dodon, con un 48,3%, seguido de la liberal Maia Sandu, con un 38,4%.

Imagini pentru ion dodon maia sandu
Maia Sandu y Igon Dodon, la burguesía se pelea por el control de Moldavia
El Partido de los Comunistas de República Moldova, liderado por Vladimir Voronin, presidente del país desde abril de 2001 hasta septiembre de 2009, ha boicoteado las elecciones tras lo que considera un ilegal cambio constitucional para que se elija al Jefe del Estado de forma directa, siendo hasta las anteriores elecciones nombrado por la mayoría parlamentaria.

Las votaciones del segundo turno del circo electoral será el próximo día 13 de noviembre, una cita que poco va a cambiar la vida de los trabajadores rumanos, pues se trata de elegir entre capitalismo o capitalismo, como en cualquier elección de una democracia burguesa.

Las diferencias entre los dos candidatos a la presidencia son nimias. Mientras Ion Dogon se pone la etiqueta de "socialdemócrata", es decir, maquilla un poco su apuesta firme y única por el régimen de propiedad capitalista, que como decían ya Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, es la cuestión fundamental en la que hay que poner el acento, Maia Sandu no duda en defender el sistema capitalista que ha llevado a los moldavos al límite de la desesperación y al saqueo del país por parte de la oligarquía local, después del robo del banco nacional que dejo el tesoro público totalmente vacio (link).

Por otro lado, Maia Sandu defiende el acercamiento hacia la Unión Europea mientras Dodon hace lo propio con la Unión Euroasíatica, en el marco del conflicto interimperialista creciente que se produce por el control de las zonas de influencia y de los recursos económicos entres los bloques imperialistas que están configurando la realidad geoeconómica actual. En todo caso, ni uno ni otro defienden, por supuesto, pues se trata de la burguesía oligárquica en ambos casos, la lucha real contra la corrupccion, las desigualdades abismales entre las clases sociales o, ni mucho menos, contra sus raices reales: el sistema capitalista y sus bases en la propiedad privada de los medios de producción y, de hecho, del propio gobierno, dominado y controlado, incluso elegido indirectamente, por las grandes corporaciones monopolísticas.

Es evidente por qué el PCRM de Voronín, a pesar de que durante su gobierno no llevó a cabo política socialista alguna y más bien se autocondenó electoralmente haciendo políticas socialdemócratas tras la fachada de la bandera roja,  ha afirmado que no va a apoyar ni a uno ni a otro bando, pues ambos representan prácticamente lo mismo: más capitalismo, más sometimiento del país a unas corporaciones monopolísticas propias del capitalismo imperialista u a otras. En todo caso, es evidente que si el candidato socialdemócrata gana la presidencia de Moldavia será un duro golpe para los intereses de la U.E., aunque también hay que recordar que el Partido de los Comunistas de RM, que también era acusasado de depender de Moscú,  no dudó en ningún momento en apoyar a los movimientos de acercamiento a las instituciones europeas o, incluso, de que el ejército moldavo colaborara con la OTAN. Los intereses de la oligarquía local siempre primarán a cualquier otro mientras existan las diferencias de clase en las que se basa asientan los regímenes capitalistas.

Imagini pentru moldova alegeri
Curiosamente, los dos bandos se acusan mutuamente de servir al imperialismo enemigo: los liberales prooccidentales acusan a Dodon de estar financiado por Rusia; los socialdemócratas prorrusos afirman que Maia Sandu recibe financiación de Estados Unidos y la U.E. Mientras tanto, ambos bandos, como sucede en cualquier país capitalista, hacen negocios comunes y, a pesar de su apoyo a un bloque o a otro, sirven, principalmente, como todo burgués, principalmente a sus propios intereses económicos.

Todo ello a pesar de que los "sofistas", como los denomina Lenin en El Imperialismo, fase superior del capitalismo, se posicionan de un lado u otro, alegando que "las formas" de uno son "más pacíficas", "menos agresivas", o cualquier otra excusa para esconder su posición antimarxista. Mejor dar la palabra creador del marxismo-leninismo para deslindar los límites entre los oportunistas traidores al marxismo y el concepto marxista-leninista de imperialismo capitalista, en el que la forma más o menos agresiva de un determinado estado o bloque de estados de aumentar su influencia o injerencia económica en el mundo, si dichos cambios son únicamente económicos o se usa o no la agresión bélica con mayor o menor intensidadad, es, para el líder soviético, "una cuestión secundaria que no puede hacer variar en nada la concepción fundamental sobre la época actual del capitalismo":

"Los capitalistas reparten el mundo, no como consecuencia de su particular perversidad, sino porque el grado de concentración a que se ha llegado les obliga a seguir este camino para obtener beneficios; y se lo reparten "según el capital"; "según la fuerza"; otro procedimiento de reparto es imposible en el sistema de la producción de mercancías y del capitalismo. La fuerza varía a su vez en consonancia con el desarrollo económico y político; para comprender lo que está aconteciendo, hay que saber cuáles son los problemas que se solucionan con el cambio de las fuerzas, pero saber si dichos cambios son "puramente" económicos o extraeconómicos (por ejemplo, militares), es una cuestión secundaria que no puede hacer variar en nada la concepción fundamental sobre la época actual del capitalismo. Sustituir la cuestión del contenido de la lucha y de las transacciones entre los grupos capitalistas por la cuestión de la forma de esta lucha y de estas transacciones (hoy pacífica, mañana no pacífica, pasado mañana otra vez no pacífica) significa descender hasta el papel de sofista" (Lenin, El Imperialismo, fase superior del capitalismo)

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